El "duelo por el barbijo" se mete en campaña y calienta el debate electoral por la pospandemia

El "duelo por el barbijo" se mete en campaña y calienta el debate electoral por la pospandemia
La pulseada por los barbijos anticipa cómo será la convivencia entre Rodríguez Larreta y el Presidente y encierra un valor simbólico con peso político
Por Claudio Mardones
24.09.2021 15.32hs Política

Dejar de usar el barbijo al aire libre a partir del 1° de octubre se transformó en la primera disputa política entre la Casa Rosada y el Gobierno porteño luego del cambio de gabinete que decidió el presidente Alberto Fernandez. Fue la primera medida que anunció el gobernador tucumano en uso de licencia, Juan Manzur, junto a la ministra de Salud, Carla Vizzotti, pocas horas después de jurar como nuevo jefe de Gabinete.

La medida es de alcance nacional pero su aplicación depende de la decisión de cada provincia. "No es momento de dejar el barbijo. La Argentina no está dejando el barbijo, lo único que se hizo fue bajar la obligatoriedad del uso del tapa bocas al aire libre, sin gente alrededor, eso no tiene riesgo epidemiológico", aclaró este jueves Vizzotti para atajar el primer cuestionamiento que recibió por parte de un inesperado crítico que, en otro momento, la habría celebrado.

El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, fue el encargado de retrucarla. Lo hizo poco después de que su jefe político, el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta hiciera su propio anuncio de buenas noticias, con el aumento de aforos para espacios públicos y actividades que hasta ahora sufrieron extensas restricciones, como los espectáculos, el turismo y el fútbol.

La pulseada por los barbijos anticipa cómo será la convivencia entre Rodríguez Larreta y el Presidente

Tanto la Nación como la Ciudad venían analizando internamente el escenario epidemiológico que tendrían en el comienzo de la primavera. El final del invierno y la finalización de la etapa de mayores riesgos de contagios fueron el escenario propicio para anunciar, luego de las PASO, el primer amague de volver a una nueva normalidad.

El martes ambas administraciones salieron a la caza de ese aire nuevo, pero Quirós le bajó el precio a la posibilidad de no usar el tapabocas al aire libre. "Creemos que todavía no es el momento de quitarnos el barbijo. Sabemos que en el espacio abierto la contagiosidad es mucho menor, pero en la Ciudad pretendemos llegar al 70% de la población con las dos dosis de la vacuna antes de tomar este tipo de medidas", aclaró el funcionario.

El desacuerdo sobre la opción de quitarse el barbijo al aire libre reanimó las diferencias que resonaron en los momentos más duros de la pandemia, cuando el pico de la curva de contagios parecía no tener techo. Ahora los tironeos suceden en otro escenario. De ahora en adelante se debatirá la salida de la pandemia. Los albores de la postpandemia transcurren en medio de la campaña para las generales del 14 de noviembre y cuando la política argentina regresa progresivamente a la presencialidad plena.

Casi como un dominó, después de los anuncios de este martes, el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, confirmó que el recinto volverá a la presencialidad plena. El Senado también se prepara para que todas las bancas vuelvan a estar ocupadas y la decisión está a la firma de la vicepresidenta y titular del cuerpo, Cristina Fernández de Kirchner.

La pulseada por los barbijos anticipa cómo será la nueva convivencia entre Rodríguez Larreta y el Presidente y encierra un valor simbólico con peso político. La negativa porteña fue acompañada por Córdoba, gobernada por Juan Schiaretti y por Salta, cuyo mandatario, Gustavo Sáenz, es un aliado esquivo del oficialismo. Ambos decidieron desautorizar al Gobierno de otro modo y ratificaron la obligatoridad del barbijo.

Los tres jefes de esos distritos tienen miradas similares sobre la gestión federal de la pandemia. Rodriguez Larreta puede sentirse respaldado por Schiaretti y Sáenz en este cruce político con la Nación, pero en sus administraciones recuerdan que la pandemia no ha terminado. Advierten que si hay un rebrote de contagios buena parte de esas libertades podrían diluirse y reclaman cautela.

Larreta tiene interés de diferenciarse del relanzamiento sanitario del Gobierno nacional

No es sólo el interés de diferenciarse del relanzamiento sanitario del Gobierno. También pesa el temor de que se repitan las experiencias europeas, porque el fantasma de la tercera ola de contagios no desaparece y la variante delta está en el país desde hace un mes. Los epidemiólogos todavía no tienen una explicación sobre la ausencia de circulación comunitaria de esa cepa, pero el tiempo que demoró le aportó al Gobierno tiempo muy valioso para acelerar el plan de vacunación.

El tironeo por el uso del barbijo quedará liberado al ensayo y error de cada distrito, pero un eventual rebrote podría golpear a todas las administraciones por igual, porque si bien no coinciden en el momento para dejar de usar el tapabocas, comparten la urgencia por regresar a la normalidad antes de que la población lo haga de hecho y el malhumor aumente antes de las elecciones, cuando sólo faltan siete semanas para que las generales ratifiquen o impugnen las tendencias de las PASO.

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