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Macri juega la última carta en un debate donde buscará enfatizar el lado kirchnerista de Alberto

Macri juega la última carta en un debate donde buscará enfatizar el lado kirchnerista de Alberto
Los seis postulantes se miden en un inédito encuentro para confrontar propuestas. Macri llega como "retador" ante un Fernández afianzado en las encuestas
Por Mariano Jaimovich
13.10.2019 01.00hs Política

"¿En qué te han transformado, Daniel? Parecés un panelista de 6-7-8". Con aquella frase, que pasó a formar parte del anecdotario político argentino, Mauricio Macri le dio un golpe de nocaut a su contrincante, Daniel Scioli, en el recordado debate presidencial previo al balotaje de 2015. Las encuestas ya le venían sonriendo, pero lo cierto es que el debate lo ayudó a consolidar la ventaja: hubo cierto consenso en el sentido de que se lo vio más aplomado y que transmitió mejor su mensaje, ante un Scioli nervioso y agresivo, que se salía de su línea tradicional de "fe y esperanza".

Cuatro años después, la situación es muy diferente. Macri se prepara para el debate del domingo a la noche con mucho menos optimismo que el que traslucía en aquel momento. Ahora, como Presidente de un país en crisis, sabe que será el blanco fácil de sus cinco contrincantes, sabe que ofrece muchos flancos y, para colmo, está obligado a no desperdiciar la oportunidad porque las encuestas lo dan como derrotado.

El encuentro será un episodio anormal para un país que ya se había acostumbrado a la ausencia de debates entre candidatos presidenciales, por la imposición de la vieja máxima según la cual el que va primero no debate con los de abajo.

Ahora, que el país ha logrado ese avance institucional, la opinión pública tendrá el espectáculo de la discusión simultánea entre los seis postulantes. Un formato no habitual, definido por la institución "Argentina Debate", que se verá en el encuentro a realizarse en Santa Fe. 

Y, ante la falta de experiencia en debates, la pregunta que se plantea en el ámbito político es qué tan trascendente pueda llegar a ser el evento en la opinión pública. ¿Habrá un buen nivel de audiencia o se notará la saturación de un largo año hiperpolitizado? ¿Quedará espacio para la curiosidad o ya se considera todo definido por las PASO? Y, sobre todo, ¿hay chances de torcer la intención de voto por el intercambio de opiniones y "chicanas" de los candidatos?

Los politólogos tienden a creer que, salvo excepciones, el mayor efecto de los debates está más en reforzar las convicciones de quienes ya tienen su voto decidido, antes que en persuadir a alguien de cambiar su postura. 

Aun así, en filas macristas se está viviendo la previa del evento como si se tratara de la "última bala" para tratar de revertir el desastre electoral de agosto y forzar un balotaje. Volviendo a la imagen boxística, el debate le brinda a Macri la oportunidad de salir al último round de una pelea que viene perdiendo por puntos, pero en la cual todavía tiene la esperanza de dar un golpe certero, que le permita cambiar la historia.

Nadie mejor que Macri sabe que ahora no tendrá varias cartas ganadoras como las que disponía en 2015, donde tenía todo a su favor para ganar ese debate ya que presentaba muy pocos puntos débiles para ser vulnerado: había tenido gestiones exitosas como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y se mostraba fuerte y abierto a cambiar una forma de hacer política que venía desgastada, como la que representaba el kirchnerismo.   

Es decir, se mostraba ante el público como "el cambio" y la "nueva política", una estrategia que no alcanzará en este caso como único recurso, luego de haber perdido por unos 20 puntos en las PASO y tras cuatro años de gobierno con escasos resultados en lo económico, con una pobreza e inflación en alza, un dólar en $60 y un cepo cambiario de por medio.

De esta forma, el domingo, para los analistas, el Presidente podrá apelar a pocos instrumentos para hacerle frente a Alberto Fernández y a las críticas que le lloverán: sobre la mesa tiene para recordar el factor "miedo" que traería un regreso al poder de Cristina Fernández de Kirchner, al que puede sumar algunos logros de su gestión, como la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, y el respeto por las instituciones para tratar de ganar la contienda contra Alberto Fernández, que ahora es el candidato "novedoso" y que tendrá menos puntos débiles para ser atacado.

¿Un debate de bajo rating?

Antes de analizar en detalle los puntos en los que se centrarán los principales dos candidatos a ocupar la Casa de Gobierno el próximo 10 de diciembre, surge la consulta respecto al impacto real que tienen los debates políticos en la previa electoral.

Es este sentido, el analista Ricardo Rouvier señaló a iProfesional que "la experiencia nacional y extranjera indican que, en general, los públicos no tienen demasiado interés por los programas políticos. Pero igual estos encuentros previos a las elecciones superan el rating habitual". 

Lucas Romero, director de Synopsis, también estima que este evento "tendrá buena audiencia y seá relevante, sobre todo del público más politizado". 

La atracción fundamental, según resumió Roberto Starke a iProfesional, es que este tipo de eventos siempre despiertan "algo de morbo" en la gente, sobre todo ver qué "chicanas" se van a lanzar los candidatos, quién tendrá la respuesta más "picante" y cómo será la foto final.

"Pero lo racional, los programas y las propuestas van a pasar a un segundo plano", resalta Starke.

También existen argumentos que pueden desincentivar a seguir el debate, como el hecho que tras los resultados de las PASO muchos consideran que la elección está "prácticamente resuelta". 

En todo caso, un detalle que marcan los expertos es que el debate no termina cuando termina el programa del domingo a la noche, sino que luego viene la batalla por "la edición" del cruce de ideas. Es decir, para el público que no lo vio en vivo, pero que sí mirará o leerá los resúmenes.

Y, como saben los jefes de campaña, siempre hay formas de editar una discusión de modo de mejorar la performance de quien no salió tan bien parado en el "espadeo retórico".

Incidencia de ideas

Respecto del impacto concreto en las elecciones generales que puedan traer los resultados de estos encuentros, el analista Mariano Tato, le asigna mucha importancia: considera que será la clase media, segmento eleccionario medular en el país, la que estará más pendiente del debate

En cambio el analista Ricardo Rouvier es de los que cree que "no tienen una gran incidencia en la opinión pública", porque, en general, "confirman el voto ya definido y no generan una atracción de nuevos votantes".

"Los debates no definen elecciones; en todo caso sí las ponen en riesgo y aquí, seguramente, vamos a ver con atención un poco cuál es el trato que le dará el resto de los candidatos a Alberto Fernández, que es en algún punto el virtual candidato electo", acota Romero.

En palabras del comunicador político José María Rodríguez Saráchaga, para los electores que ya tienen una posición tomada, el debate "no les cambiará nada", porque van a considerar que ganó el candidato al que van a votar.

"Sí puede cambiar el voto de algunos indecisos y de los que no tienen mucha convicción. Pero un montón de gente va a usar el debate para justificar el sufragio que ya tiene decidido", agregó el ex asesor de Mauricio Macri, cuando el actual primer mandatario era jefe de gobierno de la Ciudad.

Impactos en los candidatos

Macri deberá apelar a todo tipo de herramientas para intentar convencer a nuevos electores para poder llegar a sumar los votos necesarios para ir a balotaje, mientras que la principal preocupación de Alberto Fernández es no restar la elevada base de votantes conseguidos en las PASO.

"El debate debería ser para el ganador de las PASO la justificación de su éxito, y para los perdedores la oportunidad de atenuar el fracaso o intentar revertirlo. En tanto, electoralmente, el resultado de las primarias muestra una tendencia de voto y el resultado del debate las variaciones posibles de ese voto", razonó Tato.

A la vez, un detalle que tendrá el encuentro del domingo será en que se convertirá en la primera vez que los seis candidatos se interpelaran entre ellos. En este contexto, pesarán las reacciones que tengan y su lenguaje no verbal, como los gestos y las señas. Algo que puede definir a los ganadores como a los perdedores.

En ello se recuerda el final del debate de 2015, cuando Macri saluda con un efusivo beso a su esposa, Juliana Awada, mientras Daniel Scioli quedó "desencajado" por ese gesto de su adversario electoral y se convirtió ese gesto en la "comidilla" de la calle.

"Será un debate extraño porque siempre complica a los oficialismos y le da aire a la oposición de marcar errores. El de ahora es un escenario raro, porque Alberto Fernández ya habla cómo presidente y Mauricio Macri está un poco más allá del bien y del mal", resumió la situación Starke.

Al respecto, le recomendó a Macri "hacer bien la tarea" e intentar recuperar el elector desencantado que lo votó en 2015 y le quitó el apoyo en 2019. En tanto, consideró que Fernández con "no hacer papelones, ya salvará la prueba".

En cuanto a la presencia de los seis candidatos presidenciales, para Rodríguez Saráchaga es un hecho que favorecerá a Alberto porque "todos van a intentar mostrarse como no macristas".

Más allá de esto, los analistas consultados por iProfesional también estimaron que algunos "golpes" tendrán como destinatario al candidato del Frente de Todos, justamente, por la necesidad de quitarle votos. 

Más allá de esto, los expertos sostienen que cuantos más candidatos hay en la exposición disminuye el grado de interés de la mayoría de la audiencia.

"Resultan más atractivos los debates entre dos personas, con un límite de tres. Mayor número no facilita la focalización, y la atención disminuye en forma significativa a medida que pasa el tiempo", expuso a este medio Rouvier.

Asimismo, la presencia de varios postulantes es considerada como una "formalidad peligrosa", ya que se considera que puede haber alianzas previas con los expositores que tengan escasas posibilidades de sumar sufragios para hacerle el "trabajo sucio" a su aliado y atacar a alguno de los dos favoritos: Macri o Fernández.

"El trabajo sucio, básicamente, consiste en desestabilizar emocionalmente, erosionar la confianza, sacar de foco y obligar a cometer errores al oponente principal. En un debate, la forma es más importante que el fondo. En consecuencia, se intenta que el oponente pierda las formas", afirmó Tato a iProfesional.

En cuanto a las estrategias de los principales candidatos en la disputa verbal del domingo, los analistas consideraron que Macri tratará de hablar lo menos posible de economía, y si tiene que mencionar este tema adjudicará la responsabilidad a la herencia recibida. Su defensa estará en atacar al pasado y en decir que a Alberto Fernández lo "maneja" Cristina Fernández de Kirchner. También, en recordar los casos de corrupción y la alianza del kirchnerismo con Venezuela.

En cambio, por el lado de Alberto Fernández, "intentará hacer todo lo contrario: hablar lo más posible de economía, empatizar con el público y la audiencia en función de la situación mala que la mayoría está atravesando y tratar de generar expectativas de futuro", concluyó Romero.

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