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Devaluación post electoral: cómo reaccionaron el dólar oficial y el blue el día después de los últimos comicios

Devaluación post electoral: cómo reaccionaron el dólar oficial y el blue el día después de los últimos comicios
Los economistas dan por hecho un salto devaluatorio y el debate se enfoca ahora en si será una corrección gradual o un nuevo evento traumático
Por Fernando Gutiérrez
25.10.2021 18.15hs Economía

A esta altura, luego de que el viernes el dólar blue haya alcanzado el récord histórico nominall, los economistas ya no debaten sobre si habrá o no una suba del dólar luego de las elecciones, sino qué tan factible será que esa devaluación se produzca de forma gradual o si habrá un salto abrupto.

El asunto es tratado en papers, informes y ponencias de economistas de diversas tendencias. A todos los análisis -que principalmente se basaban en la caída de las reservas, en el aumento de la emisión monetaria y, sobre todo, en las expectativas del mercado, reflejadas en el mercado del dólar futuro y en la demanda de instrumentos dólar linked- se agrega ahora la estampida inflacionaria.

Esto llevó a que en los últimos días economistas influyentes hicieran oír sus alertas de catástrofe. Por ejemplo, Domingo Cavallo al anunciar ante la bolsa de comercio de Córdoba que la situación actual guardaba demasiados puntos en común con la previa al traumático "Rodrigazo" de 1975. O Carlos Melconian, al declarar en televisión que "existe el caldo de cultivo para una piña como la hiperinflación".

El 3,5% que arrojó la inflación de septiembre fue un golpe adicional a las expectativas, porque arroja un manto de incredulidad a la proyección del ministro Martín Guzmán, que para el año próximo prevé una inflación de 33% y una devaluación del 28%. Esto implicaría que la tasa devaluatoria se aceleraría de manera controlada, pasando de su actual ritmo de 1% mensual a uno nuevo del 2%, sin que la inflación se acelere sino que, por el contrario, los aumentos de precios caerían al escalón de 2,5% mensual.

El problema es que los antecedentes históricos muestran que cuando la devaluación se acelera, los precios suelen tomar más velocidad. Un informe de la firma inversora Consultatio hizo un comparativo histórico entre los meses consecutivos en que la devaluación fue mayor a la inflación, y la conclusión es inquietante: nunca se pudo sostener esa política más de un par de meses, sobre todo si se pretende que la tasa devaluatoria acelere a un 4% al mes.

La sospecha de los economistas, por lo tanto, es que las probabilidades de un ajuste brusco empiezan a crecer.

La escalada del dólar paralelo, en un momento de expansión monetaria, llevó a que los economistas estén dando por inevitable una devaluación post elecciones
La escalada del dólar paralelo, en un momento de expansión monetaria, llevó a que los economistas estén dando por inevitable una devaluación post elecciones

Antecedentes históricos que inquietan

Pero además, claro, está el efecto político: es un año electoral, y también ahí la historia reciente deja sus lecciones. En las últimas seis elecciones, siempre ocurrió algún evento brusco vinculado al dólar luego de la votación:

-En la legislativa de 2009, donde Néstor Kirchner fue derrotado en un contexto recesivo, se aceleró el proceso devaluatorio, que completó un 20% en el año. De todas formas, a la larga tuvo un efecto positivo para el Gobierno, porque la inflación se mantuvo contenida en 16% por el propio efecto de la recesión. Es decir, la economía recuperó competitividad, gracias a lo cual se creció a "tasas chinas" en el bienio siguiente.

-En 2011, Cristina Kirchner arrasó en las urnas pero había una situación paradójica: cuanto mayor era su ventaja en las encuestas, más fuerte era la fuga de dólares. En el mes de su reelección se batió el récord de u$s3.000 millones comprados por un público que descreía de la sostenibilidad del "modelo" con retraso cambiario. Fue la antesala de la instauración del "cepo" en su primera versión. Y, por consiguiente, fue también el inicio del estrellato del "blue", que rápidamente se despegó del oficial.

-La elección legislativa del 2013 marcó la primera derrota de Cristina en las urnas, ya con señales de agotamiento del modelo. Y tras el cambio de nombres en el gabinete, el nuevo ministro de economía, Axel Kicillof, tuvo que resignarse a que en enero de 2014 el dólar diera un salto de 20%.

-En 2015, la victoria macrista dejaba paso a lo que todos consideraban obvio: el sinceramiento del tipo de cambio, en niveles parecidos a lo que marcaba el paralelo del "contado con liquidación". Fue lo que ocurrió, cuando en cuestión de días la cotización subió un 40%.

-Dos años más tarde, el macrismo mantuvo la clásica estrategia de congelar al dólar durante la campaña para las legislativas, pero las señales de atraso cambiario eran evidentes, con un alto déficit de la cuenta corriente y miles de argentinos que viajaban a Chile y Paraguay los fines de semana largos para abastecerse de celulares y tablets a precios de ganga. El Gobierno ganó la legislativa, pero no pudo evitar la convulsión financiera post elección: el entonces jefe de gabinete, Marcos Peña, anunció una "intervención" de facto en el Banco Central, dando por tierra las metas de inflación, con lo cual el dólar empezó su carrera imparable que llevó al pedido de salvataje al FMI.

-Y, finalmente, en 2019 la debacle electoral del macrismo en las PASO de agosto disparó otra vez al dólar, que en cuestión de horas trepó un 24%, mientras Macri y la oposición peronista cruzaban acusaciones respecto de quién era el culpable de causar el pánico en los mercados.

Esperando el impacto

Las próximas elecciones de noviembre tienen un condimento especial. Primero porque se aguarda una derrota oficialista de consecuencias imprevisibles para la interna de la coalición. Y, segundo, porque tras los comicios se deberá acelerar el ansiado acuerdo con el Fondo Monetario, en un contexto en el que las arcas del Banco Central lucen exhaustas para hacer frente al calendario de vencimientos.

Un relevamiento de la Fundación Mediterránea indica que -salvo la excepción de la elección presidencial de 2015- nunca se había llegado a una elección con un nivel tan bajo de reservas netas en el Central. Para ponerlo en términos comparativos, tras la re-elección de Cristina de 2011 -cuando se instauró el cepo- había un nivel de reservas netas equivalente a 5,5 veces la disponibilidad actual. Y, claro, no había un calendario de pagos con el FMI.

Otro comparativo inquietante es el de la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial. En esta elección se llega con una diferencia de 90%, una cifra que hace parecer pequeñas las brechas que había en la legislativa del 2013 (59%) y en la presidencial de 2015 (64%).

Miguel Pesce y Martín Guzmán, con el desafío de hacer una corrección cambiaria controlada, en un mercado que pide un ajuste drástico
Miguel Pesce y Martín Guzmán, con el desafío de hacer una corrección cambiaria controlada, en un mercado que pide un ajuste drástico

El otro dato que marca la gravedad de este momento respecto de otros años electorales es el volumen de los pasivos del Banco Central. En otras palabras, el llamado "déficit cuasi fiscal" que se genera por la emisión de letras con las que el BCRA intenta contener la cantidad de dinero circulante, pero que le genera un costo por el pago de intereses. Los u$s40.000 millones de esos pasivos duplican al promedio de los últimos 15 años y sólo son superados por la montaña de letras que tenía el Central en 2017.

Un único dato juega a favor de este momento y saca algo de presión: la cuenta corriente -la que compara los dólares que entran al país con los que salen- marca un superávit de casi un punto del PBI, cuando la norma de los últimos años fue el déficit -en el peor momento del macrismo se llegó a un rojo de 5% del PBI. Pero claro, la contracara de ese superávit es el rígido control cambiario, que ya no se limita a la imposibilidad de conseguir dólares para el ahorro o el turismo, sino que también se empieza a restringir con fuerza la venta de divisas para la importación.

En definitiva, si se juzga por los antecedentes históricos no hay dudas de que habrá alguna modificación en la política cambiaria post electoral. La duda pasa por saber si la dupla Martín Guzmán-Miguel Pesce puede atravesar la tormenta con el dólar bajo control o si, como ocurrió en la mayoría de los casos, el mercado "se lleva puesto" al plan oficial.

En todo caso, lo que es seguro es que el Gobierno ya tiene listo su "relato" para explicar la situación. Como ocurrió a lo largo de los ocho años de la gestión de Cristina, cada tensión cambiaria fue interpretada bajo un tamiz conspirativo como un intento de "golpe de mercado".

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