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La epidemia cerró una grieta: ya nadie discute sobre la necesidad de recurrir a "la maquinita"

La epidemia cerró una grieta: ya nadie discute sobre la necesidad de recurrir a "la maquinita"

La epidemia cerró una grieta: ya nadie discute sobre la necesidad de recurrir a "la maquinita"
La magnitud de la recesión lleva a un consenso sobre lo inevitable de expandir el gasto y financiarlo con emisión. ¿Se viene una bomba inflacionaria?
Por Fernando Gutiérrez
28.03.2020 00.01hs Economía

Uno de los efectos impensados de la epidemia de coronavirus es el impensado cierre de la "grieta" en el debate económico argentino. Por increíble que parezca, en estos días están desapareciendo las diferencias entre aperturistas y proteccionistas, liberales e intervencionistas, amantes del equilibrio fiscal y keynesianos recalcitrantes.

El punto que más llama la atención es el de la emisión monetaria para financiar el gran agujero fiscal que se viene. Prácticamente no hay economista que no admita la necesidad de una fuerte intervención del Gobierno para ponerle un freno a la caída de la economía, y que dada la situación crediticia del país, ello se debe lograr sobre la base de una expansión del gasto público.

Ya antes de la epidemia, el equipo económico estaba advirtiendo –sobre todo, en sus informes a los acreedores de la deuda- sobre las dificultades para lograr el equilibrio fiscal durante el mandato de Alberto Fernández. Pero ahora el panorama cambió de tal forma que ni siquiera es necesaria la aclaración: las últimas estimaciones de consultoras privadas hablan de que, por efecto del coronavirus, hay que pensar en al menos dos puntos adicionales de déficit fiscal para este año.

Pero hay reportes que hablan sobre un empeoramiento de esos números, dada la magnitud de la crisis que puede venir si la epidemia paraliza la economía por un período prolongado.

Lo cierto es que, hasta ahora, las medidas de ayuda anunciadas por el gobierno –como el pago extraordinario a los monotributistas y el refuerzo de la AUH- implicaron unos u$s1.000 millones. Pero muchos están percibiendo que ese esfuerzo puede ser apenas la primera parte de la crisis.

En estos momentos se analiza ayuda para los comerciantes que no pueden pagar los alquileres de sus locales, se prepara una ayuda masiva para el vasto sector informal de la población trabajadora que no percibe salarios y se está asumiendo la idea de una fuerte caída en la recaudación tributaria.

"Las cuentas públicas venían con déficit y este shock las empeorará de manera importante. La emisión de pesos es el instrumento al que va a tener que recurrirse casi con exclusividad", advirtió un reporte del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), que mete el dedo en la llaga: el riesgo de que la crisis derive en una emisión monetaria desbocada.

Presión interna para emitir

Desde sectores afines al Gobierno se habla sin eufemismos sobre lo que vendrá. Y la presión es particularmente fuerte desde el kircherismo duro. Por caso, Alfredo Zaiat, uno de los economistas de cabecera de Cristina Kirchner, escribió una columna con el expresivo título: "Coronavirus y crisis: la receta es emitir y más gasto público".

El artículo deja entrever una crítica tácita a las señales "market friendly" que envió Martín Guzmán en el arranque de su gestión, con las medidas tendientes a contener el gasto. "No es tiempo ni para ortodoxos amantes del libre mercado ni para medidas tibias. Existe el riesgo de un colapso económico que exige medidas extraordinarias en todos los frentes", argumenta Zaiat.

El argumento de esta línea pro expansión del gasto es que en un momento de recesión económica se diluye el riesgo de que la expansión monetaria se traslade a los precios.

Y es, de hecho, es algo que se está pensando en el Banco Central. En su reciente entrevista concedida a iProfesional, Miguel Pesce reconocía –ya antes de la cuarentena- que las necesidades del Tesoro obligarían a que el BCRA hiciera una asistencia mediante expansión monetaria.

"Nosotros sabemos que vamos a tener que financiar el déficit público porque hay una situación donde el Gobierno, en el tránsito a buscar la sustentabilidad de su deuda, tiene una capacidad limitada de colocar endeudamiento nuevo", afirmaba el titular del Central.

Y, concretamente sobre el riesgo inflacionario, agregaba: "Lo que queremos es que esa expansión monetaria no funcione como un impulsor del proceso inflacionario y creemos que eso no está sucediendo, entre otras cosas porque el nivel de actividad y de ocupación de los factores es muy bajo. Así que hay espacio para que haya un impulso de la demanda sin necesidad que haya aumentos de precios".

El consenso sobre "la maquinita"

Pero acaso lo insólito de este momento es el hecho de que el sector que históricamente ha defendido el equilibrio fiscal y que advierte contra la emisión monetaria sin respaldo haya cambiado su visión.

"Este es un momento en el que no hay que ideologizar la discusión. Ahora no se trata de ser market friendly o no, todos entendemos que hay que ayudar y que es el momento de que intervengan los reguladores. La verdad es que no hay otra alternativa que darle a la ‘maquinita’ y ayudar a la población informal", dice sin tapujos un gerente de uno los bancos extranjeros de primera línea, ante la consulta de iProfesional.

Afirma que los grandes bancos hacen su parte, al implementar líneas crediticias para firmas de servicios de salud y pequeñas empresas con dificultades de caja, y se muestra resignado que también habrá lobby por parte de "pícaros que tenían buena liquidez y ahora se abusarán de la situación con pedidos especiales".

Su previsión respecto de la expansión monetaria que vendrá es que el impacto inflacionario no se verá en el corto plazo. "El parate es tan impresionante y la capacidad de gasto tan limitada que no me imagino una suba de precios, más bien me hace acordar a enero de 2002; lo que sí creo que es puede haber distorsión de precios relativos, con suba de los alimentos".

Pero cree que el desafío para el Gobierno será el de la reabsorción de la masa de dinero circulante una vez que lo peor haya pasado. "No creo que sea fácil subir otra vez tasas de interés, pero pueden recurrir a encajes, el Central tiene las herramientas", argumenta.

En tanto, otro connotado crítico de la expansión monetaria, Ramiro Castiñeira, analista de Econométrica, también reconoce la excepcionalidad del momento.

"Los que estamos en la postura liberal defendemos el equilibrio en las épocas de vacas gordas, justamente para que haya posibilidad de responder en momentos de crisis. Pero Argentina desperdició su momento gastando todos los activos financieros, energéticos, etcétera, y cuando se terminó se colocó deuda", observa el economista.

Y da una conclusión elocuente: "De manera que ahora la pandemia nos encuentra en una situación en la que reventamos todos los activos y todos los pasivos. Y lo único que se puede hacer es aumentar el gasto público, que se va a financiar con emisión porque no hay recursos".

En esa postura coincide otro defensor de la ortodoxia, el siempre "ministeriable" Carlos Melconian, que reconoce lo inevitable de recurrir a "la maquinita de emitir" y atina a diferenciarse del sector keynesiano con la advertencia de la que expansión debe hacerse de un modo "prolijo, ordenado y pensado".

"Hay que emitir y cerrar cualquier otro grifo. Es una oportunidad de la clase política para cortar todos los gastos al pedo. La emisión, en la economía de guerra, tiene que estar destinada al gasto salud, que no se pare la producción en lo que hay demanda y plata para la gente se quede tranquila de que tiene laburo y salario", detalló Melconian con su característico estilo discursivo "de boliche".

¿Se viene una bomba inflacionaria?

Claro que la gran pregunta es cuánto significa esto en términos de números. ¿Cuál será el agujero fiscal? ¿Cuánto habrá que emitir? ¿Y cómo será la respuesta inflacionaria?

Y ahí es donde los economistas se muestran muy cautos. Pocos se animan a dar un pronóstico sobre la magnitud del gasto necesario, dada la incertidumbre de cómo evolucionará la situación sanitaria.

Pero algunos han hecho números a modo de ejercicio. Por caso, el consultor Salvador Di Stefano recuerda que en Europa, hacia donde mira el Gobierno argentino para aplicar las medidas preventivas, ha dispuesto ayudas estatales que equivalen al 10% del PBI, y que en Estados Unidos se habla de una inyección de fondos también en ese orden.

"Según nuestros pronósticos, Argentina a primera vista necesitaría unos u$s30.000 millones, un poco menos del 10% del PBI, de los cuales u$s10.000 millones están en un crédito pre aprobado por el FMI, se podrían pedir más swap a China, y emitir para poder subsanar los problemas de salud. No parece imposible que el mundo nos vuelva a rescatar", argumenta Di Stefano en su último reporte.

Algo de eso ya se está viendo, dado que el Central avanzó en la renovación del swap chino y además el Fondo Monetario pondrá una línea crediticia a disposición, aunque sería por una cifra menor a la mencionada.

En cuanto al déficit fiscal, suponiendo que los gastos aumenten un 20% respecto de la previsión presupuestaria y que los ingresos por impuestos caigan un 15%, eso agrandaría el rojo en 1,4 billones de pesos. Di Stefano calcula que si se obtuviera una disminución en el pago de intereses de la deuda, se llegaría a un déficit total de casi 2 billones de pesos.

En otras palabras, que para cubrir ese agujero solamente con emisión, sería necesaria una inyección de dinero similar a la base monetaria actual.

En circunstancias normales, esto equivaldría a hablar de una posible bomba inflacionaria. Sin embargo, ahora no todos están de acuerdo con que eso pueda ocurrir de inmediato. Y varios economistas señalan que, además del enfriamiento de la economía, lo que ralentizará el desborde será la vigencia del cepo cambiario.

"Todas las medidas fiscales nuestras, como las de AUH y jubilaciones, se financian con el Central. ¿Cómo impacta eso en la inflación? No sé, pero con el cepo estás más estable", dijo en una entrevista Marina dal Poggetto, la influyente directora de la consultora Eco Go.

En la opinión de Dal Poggetto, el Gobierno debería ponerse como prioridad un acuerdo rápido en el tema deuda, de manera de evitar que se siga descapitalizando el Banco Central en los pagos de vencimientos.

Entre otros reportes relativamente tranquilizadores, la firma bursátil SBS corrigió su pronóstico inflacionario a 44%, una cifra mesurada dadas las circunstancias.

"El desplome de la actividad removerá buena parte de las presiones por el lado de la demanda, mientras la delicada situación de las empresas se traduciría en aumentos salariales bastante discretos que también restarían presión por el lado de los costos", afirman los economistas de SBS.

Lo cierto es que lo que en otros tiempos hubiese sonado escandaloso, ahora es aceptado como inevitable y hasta deseable. Una fuerte expansión del gasto financiado con emisión monetaria pasó a tener una pátina de legitimidad cuando la avalan líderes como Angela Merkel y Emmanuel Macron.

Queda la pregunta de si se podrá surfear la ola o si un desplome de la demanda de dinero llevará a una nueva crisis inflacionaria de tintes ochentosos. Pero también ese parece un debate secundario.

Como dice Castiñeira: "La verdad es que a esta altura ponernos a analizar si el problema inflacionario lo vamos a tener ya mismo o dentro de un año pasó a ser irrelevante. Lo que es seguro es que la inflación va a venir, porque en estas situaciones se trata de producir más y no de emitir papel de colores. Es de manual".

Y se sincera: "Pero esto es una crisis donde lo prioritario es la salud. Y la verdad es que si me pidieran mi opinión, yo mismo aconsejaría expandir el gasto en este momento".

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