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Explota en redes sociales un video de Favaloro: "No se sale de una crisis sin romperse el alma"

Explota en redes sociales un video de Favaloro: "No se sale de una crisis sin romperse el alma"
El testimonio de uno de los más grandes científicos del país recorre las redes sin parar. Su análisis sobre la crisis data de 1989, ¿servirá para hoy?
Por iProfesional
22.09.2020 15.15hs Actualidad

Bernardo Neustadt y Mariano Grondona protagonizaban "Tiempo nuevo", el programa de discusión y análisis político por excelencia.

Allí, el cirujano René Favaloro produjo un análisis sobre las crisis recurrentes argentinas, el origen de la emisión de dinero y del inicio de la inflación que dejaría patitieso a más de uno.

Además, planteó que "para salir de la crisis hay que romperse el alma; no es todo alegría al día siguiente de una elección. Pero todos, no solo los de abajo".

Un prócer de la era moderna

Favaloro había adquirido una celebridad inusitada, nunca antes alcanzada en el país por una figura del mundo científico que lo llevó hasta el extremo de ser considerado casi como un prócer, además de referente de un pensamiento ético, una voz que denunciaba el desahucio moral de la sociedad.

Descendiente de italianos que llegaron al país con la primer oleada inmigratoria antes del fin del siglo XIX, Favaloro nació en un hogar humilde de esforzados trabajadores. Su padre, Juan Bautista, era ebanista y su madre, Aída, costurera.

René nació el 14 de julio de 1923, según figura en sus documentos. No obstante, en su familia se asegura que fue alumbrado dos días antes y que se lo anotó el 14 en homenaje al aniversario de la Revolución Francesa a raíz el ideario de izquierda con el que comulgaban por entonces los Favaloro. Si bien nunca residió en El Mondongo, el célebre médico se identificaba intensamente con esa barriada popular donde pasó sus primeros años de vida: allí fue a la Escuela 45, forjó amistades y abrazó la pasión futbolera por Gimnasia.

La vuelta a la Argentina

En varias oportunidades Favaloro había insinuado su deseo de regresar a la Argentina. Al decidir su vuelta, en 1971, desechó varias propuestas millonarias. En el imaginario argentino, aquel paso le confirió a su figura una generosidad sin límites que lo elevó, para muchos, a la categoría de héroe nacional.

Favaloro vino a afrontar un nuevo desafío: se propuso crear aquí un centro de investigación, enseñanza y atención de alta complejidad dedicado al tratamiento de afecciones cardíacas; un emprendimiento de avanzada, similar a la Cleveland Clinic, que ansiaba posicionar como referencia para toda América Latina.

Era evidente que el Favaloro que aterrizó en Buenos Aires proveniente de Estados Unidos no era el mismo que aquel joven recién recibido que veinte años atrás había dejado escapar un empleo por negarse a firmar una adhesión al peronismo. Había comprendido, a la distancia, que para poder llevar a cabo su proyecto era indispensable el apoyo del Estado, para lo cual debía estrechar y mantener lazos e, incluso, hacer concesiones a los poderes de turno.

Una vez aquí, el primer paso consistió en asumir como director del Departamento de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares del Sanatorio Güemes que buscaba incorporar a la institución un servicio de excelencia en el ámbito de la cardiocirugía.

Con pragmatismo, supo encumbrarse en la trama del poder desarrollando una especial capacidad para establecer los vínculos necesarios a sus fines, colaborando con todos los gobiernos sin distinguir colores partidarios ni, tampoco, períodos democráticos de regímenes dictatoriales.

Así fue dando vida al proyecto de la Fundación, creada en 1975, que fue lentamente cobrando cuerpo con el impulso de créditos, subsidios, donaciones y diversas fuentes de recursos, en su mayoría, provenientes del erario. Recién en junio de 1992, durante la presidencia de Carlos Menem, consiguió inaugurar el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación, la cara más visible del emprendimiento. En esa etapa, la de mayor sintonía de Favaloro con el poder político, se otorgó al centro de salud un subsidio que fue incluido en el presupuesto nacional.

Pronto quedó suficientemente expuesto que el esquema de sostenimiento de la Fundación Favaloro resultaba ineficaz y dependía, básicamente, de la capacidad de conseguir recursos de su alma máter.

Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación
En 1992, durante la presidencia de Carlos Menm, pudo fundar Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación

Recortes

En los siguientes años, el recorte fiscal encarado por el menemismo ante el deterioro de la economía alcanzó a los aportes que el Estado brindaba a la entidad médica. Además, la deuda que le dispensaban las obras sociales, especialmente PAMI y IOMA, se había tornado a todas luces irrecuperable, pese a los denodados esfuerzos y gestiones personales realizadas por el creador del bypass.

El inicio de 1998 había deparado a René un fuerte golpe a nivel personal. El 14 de enero, murió su esposa después de una larga internación en la que afrontó distintos tratamientos que nunca le dieron resultado. Más que nunca, su vida se reconcentró en la Fundación.

La situación del país estaba lejos de remontar al tiempo que la ruina financiera de la institución se hacía más notoria. En simultáneo, crecía la distancia entre Menem y el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, envueltos en una puja por el poder que involucraba al peronismo en su conjunto y en la que Favaloro quedaría, de algún modo, encorsetado, ya que estaba cerca de ambos. El cirujano terminó colaborando con el IOMA de la provincia y denunciando al menemista Víctor Alderete, por haberle pedido una coima para liberar la deuda del PAMI con la Fundación.

Un nuevo amor

De pronto, en medio de las acuciantes dificultades financieras, la presión cotidiana, las peleas internas y la falta de respuestas por parte del gobierno, Favaloro descubrió que aún a sus 76 años estaba a tiempo, una vez más, de reinventar su vida. Descubrió en la amabilidad de una de las secretarias que pululaban cerca de su despacho primero una compañía y, luego, un amor intenso que le devolvió el ánimo.

Diana Truden tenía 29 años y había ingresado a la Fundación en 1994 por una convocatoria laboral para ocupar una vacante para el staff de secretarias de la dirección. El vínculo fue creciendo a escondidas, acechado por temores, recelos y prejuicios que surgieron tanto en el ámbito laboral como en seno de su familia. Esos planteos sumados a los reproches internos por el manejo de la Fundación subieron a Favaloro a una montaña rusa emocional.

Cuando el radical Fernando De la Rúa, asumió como presidente de la Nación, a fines de 1999, Favaloro renovó su esperanza de recibir ayuda y poder cobrar la mayor de sus acreencias, que correspondía al PAMI. Después de probar con un triunvirato, el poder del PAMI quedó concentrado en la figura de Horacio Rodríguez Larreta quien, al igual que todos sus antecesores, mantuvo la tesitura de resistirse a convalidar la deuda reclamada por la Fundación debido a la falta de asientos contables para validarla.

Comité de crisis

Un comité de crisis constituido por un grupo de los principales profesionales de la Fundación Favaloro había tomado las riendas de la situación y dio a Favaloro un ultimátum: había que aplicar sin dilaciones el ajuste que implicaba cientos de despidos, cierre de servicios y un cambio en el esquema financiero.

René intentó jugar una última carta. Envió al presidente y a varios de sus funcionarios una nota rogando una ayuda extraordinaria. Fue un intento desesperado y a destiempo. Las misivas llegaron después de que la bala que le perforó el corazón en el baño de su dúplex de Barrio Parque.

Antes de retirar el cadáver, los efectivos le quitaron el reloj pulsera y un par de anteojos que dejaron sobre la cama del dormitorio junto a otros efectos personales. En uno de los cajones de la mesa de luz, sobre la que había un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina del uruguayo Eduardo Galeano, se encontraron dos alianzas de oro en un estuche rojo.

A eso de las 18, el canal Crónica TV fue, como era costumbre, el dueño de la primicia. Aquella tarde, la noticia de la muerte de Favaloro dio vida al mito del médico brillante e incomprendido, mártir de una sociedad que lo abandonó.

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