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Martin Wolf: "Es una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas"

Martin Wolf: "Es una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas"

Martin Wolf: "Es una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas"
El economista del Financial Times asegura que tras la salida de la pandemia, puede ocurrir la depresión económica más grande de la historia
01.04.2020 07.56hs Actualidad

El reconocido economista del Financial Times, Martin Wolf, tiene una perspectiva poco optimista sobre el futuro del planeta y de la economía post pandemia.

"Es una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas", dijo desde Londres donde cumple su cuarentena.

"En todos los países, el mío y obviamente el suyo, millones de personas, miles de millones de personas, van a estar en la más desesperada situación social, económica y psicológica", le dijo a La Nación.

Educado en Oxford, doctor honoris causae por la London School of Economics, execonomista del Banco Mundial, pasó de militar la globalización y el libre mercado a impulsar del resurgimiento keynesiano que cimentó la salida de la crisis mundial de 2008.

Considera que los líderes mundiales cometieron "demasiados errores" durante los últimos meses y que no es "muy optimista de que esto mejore". Y que, "en el peor de los casos, podemos terminar con la depresión económica más grande en la historia, con una pandemia descontrolada que matará a decenas de millones de personas, y el mundo quedará absolutamente transformado, para peor, de maneras que no podemos concebir aún. Así que, si no mejoramos nuestra actuación, bueno... estamos en una situación muy aterradora".

"Afrontamos decisiones políticas que requieren opciones morales. Domésticas e internacionales. Entre las primeras, habrá que decidir el balance con que manejaremos la pandemia y las consecuencias económicas que conllevará. Si mandas a todos a sus casas, la economía esencialmente desaparece. Y si eso ocurre, conllevará enormes costos en la gente, porque la economía no es una cosa abstracta. Hay que lograr que ese balance sea el correcto", analizó.

"Es razonable 'cerrar' el país para mantener la pandemia bajo control, pero no puedes hacerlo para siempre. Después de cierto tiempo los costos económicos y sociales de cerrar todo serán exponencialmente más grandes e inmanejables y quizá debas adoptar otra estrategia, en la que en esencia dejarás que la pandemia avance sobre tu país, con lo que por supuesto que morirá gente. Son preguntas éticas que deben basarse en qué puede manejar tu país", prosiguió.

Para Wolf hay además una segunda dimensión ética que tiene que ver con como se compensa a las personas por los costos económicos de la pandemia; se refiere a la distribución de recursos: "Algunos serán más capaces que otros de lidiar con los costos del cierre de la economía, sea porque tengan activos o pensiones o sean ricos, mientras que otros, en el extremo opuesto, no tienen seguridad laboral alguna ni activos financieros y viven el día a día, y si el gobierno no los apoya adecuadamente, perderán sus casas o incluso morirán de hambre, en momentos en que el Estado no podrá proveerles un Estado de Bienestar".

El economista considera también que, en la medida en que la pandemia es global, los países ricos tienen también una obligación moral de asistir a los más pobres en la recuperación, a partir de entidades multinacionales como la Organización Mundial de la Salud y el Fondo Monetario Internacional.

"Muchos de los recursos que se necesitarán para afrontar la crisis están en manos de algunos Estados individuales con capacidad de prestar. Por supuesto que estos países se verán dramáticamente afectados por las medidas que adopten otros países. Así que necesitarán cooperar", evaluó.

Wolf considera que la respuesta de los Estados a la pandemia "ha sido bastante pobre" y que incluyó un "sinnúmero de errores cometidos".

"Los chinos suprimieron las noticias sobre el virus por demasiado tiempo y eso resultó un desastre para ellos y para el mundo. Luego, algunos países reaccionaron temprano, muy rápido y muy efectivamente, pero no fueron muchos: Taiwán, Corea, Japón, Singapur, Hong Kong, y se debió en parte a que habían sido afectados por la crisis del SARS hace unos años y aprendieron qué podía pasarles. Pero en Europa y Estados Unidos las respuestas de políticas de sanidad fueron grotescamente inadecuadas y demasiado tardías", afirmó. "La mayoría de los países decidieron no adoptar medidas radicales para cerrar la economía y detener el virus en sus primeros pasos, además de que algunos países adoptaron la estrategia de "inmunidad colectiva" que resultó un desastre, destruyendo el sistema de salud y causando una plaga básicamente incontrolable", prosiguió.

Del otro lado de la table, entre quienes reaccionaron más adecuadamente, colocó a Alemania, y anticipó que "Estados Unidos pagará un costo muy alto", tanto en su economía como en salud, ya que su sistema se verá colapsado. 

"Algo parecido ocurrirá en algunos países europeos y, por supuesto, cuando los mercados comenzaron a entrar en pánico y a retirarse de los países en desarrollo, tampoco había un plan previsto sobre qué hacer. Dicho esto, y para ser justo, esto ocurrió en un puñado de meses. Resultó una crisis tremenda que salió de la nada, aunque fue gestionada pobremente; en particular, por Donald Trump", sentenció.

Por último, al ser consultado por La Nación sobre el resurgimiento potencial de los extremismos alrededor del mundo, respondió que "el nacionalismo ya es visible y está claro que aumentará con la depresión económica".

"Los políticos populistas siempre le echan la culpa de los problemas a alguien más y es casi obvio que esta vez será contra los chinos. Todo el sistema global podría volar en pedazos en una situación como esta muy rápidamente. Si, como temo, la situación sanitaria y económica se pone mucho, mucho, mucho peor, políticos desesperados harán todo lo que puedan por transferirle la culpa a algún otro", vaticinó.

"Para ser justos, es muy difícil planificar para situaciones como estas. Hasta cierto punto, todo esto es nuevo. Una pandemia era posible, aunque nunca podríamos anticipar exactamente cómo sería o cuándo ocurriría. Pero también hay que decir que la preparación para situaciones como esta había sido debilitada, estrujando los recursos para la Organización Mundial de la Salud como también la planificación ante posibles pandemias de Estados Unidos y del resto, al igual las partidas de salud en países emergentes. Por supuesto que los países desarrollados tienen tantos recursos como para ponerse a tono en seis meses a un año, con la excepción de Estados Unidos, cuya administración es caótica. Pero esos seis a 12 meses serán una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas. Resulta obvio ya que esta puede ser una crisis política, social y económica absolutamente enorme mucho más allá de la crisis sanitaria", cerró.

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